viernes, 8 de agosto de 2014

Lactancia materna en tiempos modernos


Un domingo, mientras desayunaba mis respectivos tacos mañaneros una chica empieza a amamantar a su bebé, en unos cuantos minutos las personas que estaban a su lado (y que no la acompañaban) se retiraron con una cara de disgusto parecido al asco.

Me sorprende que en pleno siglo XXI la lactancia materna se haya convertido en un tema tabú en una ciudad como Monterrey, que por cierto encabeza la lista de cesáreas a nivel mundial.

"La lactancia materna tiene una extraordinaria gama de beneficios. Tiene consecuencias profundas sobre la supervivencia, la salud, la nutrición y el desarrollo infantiles. La leche materna proporciona todos los nutrientes, vitaminas y minerales que un bebé necesita para el crecimiento durante los primeros seis meses de vida; el bebé no necesita ingerir ningún otro líquido o alimento. Además, la leche materna lleva los anticuerpos de la madre, que ayudan a combatir las enfermedades.   El acto de la lactancia materna en sí estimula el crecimiento adecuado de la boca y la mandíbula, y la secreción de hormonas para la digestión y para que el bebé se sacie. La lactancia materna crea un vínculo especial entre la madre y el bebé y la interacción entre la madre y el niño durante la lactancia materna tiene repercusiones positivas para la vida en lo que se refiere a la estimulación, la conducta, el habla, la sensación de bienestar y la seguridad, y la forma en que el niño se relaciona con otras personas. La lactancia materna también reduce el riesgo de padecer enfermedades crónicas más adelante en la vida, tales como la obesidad, el colesterol alto, la presión arterial alta, la diabetes, el asma infantil y las leucemias infantiles. Los estudios han demostrado que los bebés alimentados con leche materna obtienen mejores resultados en las pruebas de inteligencia y comportamiento en la edad adulta que los bebés alimentados con fórmula." (UNICEF, 2014)



Yo trabajo en un hospital y en general tengo un contacto constante con las madres modernas, que más bien me gustaría llamarles las "fast mom".

Las fast mom tienen mayor responsabilidad social que las madres de los baby boomers u otras generaciones atrás: Trabajan, cuidan su apariencia más de lo normal, pueden que sean solteras y estén en constante ligue.

También son parte de la sociedad que pide todo al instante: odiamos esperar o que las cosas vayan lento. Este comportamiento de la vida moderna lo puedo entender hacia la tecnología o algún servicio que estemos pagando, pero lamentablemente esa rapidez y eficiencia se la estamos pidiendo a nuestros cuerpos hasta saturarlos.

A la fast mom le horroriza el parto, las estrías y el cuerpo aguado que tendrá por mucho tiempo, motivo por el cual se cuestiona muchas veces si quiere ser madre. 
La fast mom esta confundida, aveces quiere ser una buena madre como sus abuelas o bisabuelas, pero también quiere tener 2 doctorados y viajar por todo el mundo con el dinero de su millonario novio.
Entre tanto enredo la fast mom decdide no tener un parto natural (le aterroriza el dolor) y no quiere amamantar ( le da flojera) e inventa un mil de pretextos junto con su médico: como que no le sale leche, el niño es alérgico o no tiene tiempo.
Unas cuantas "valientes" les da horror que le vean sus pechos distorsionados y que la compañera del trabajo se burle por su teta llena de estrías (aún no entiendo por qué tanto pudor) pero vaya, hay unas madres tímidas o que se preocupan por la buena higiene de su bebé y deciden poner su leche en biberones que resulta una práctica muy inteligente.

Las fast mom son muy torpes, incluso hasta para cargar un bebé y no te sientas ofendida, es un hecho social: a nosotras nos enseñaron a estudiar, no a cambiar pañales. 
Me sorprendo de cómo una mamá aparentemente exitosa e inteligente batalla hasta para acercarle el pezón a su bebé; pero no te preocupes no es algo de tu intelecto, como ya había dicho, es una condición social que tenemos.

Si eres una fast mom o tienes alguien cercano que lo es; me gustaría que tuvieras en mente algunas cosas básicas que es necesario recordarte:

ACEPTA TU CUERPO.
Te guste o no, el cuerpo de la mujer está a a plena disposición para dar vida y alimentarla (no lo digo yo, lo dice la evolución).
Date tiempo de conocerte, no te sientas presionada por tu familia que te llena de consejos desatinados o por las enfermeras que lo único que hacen es darte una plática rápida y esperan a que seas una computadora que al presionar cierta tecla automáticamente se obtiene lo que se pide.
Al momento de aceptar tu cuerpo de mamá, empezarás a cuidarlo junto con tu bebé: higiene,calidad  y calidez serán la clave para que tu lactancia sea una acción de lo más normal y no una trabajo estresante.


TÚ MANDAS.
Por desgracia, los servicios privados de salud te pueden llegar a confundir con la alimentación mixta o incluso decir que tu no estas en condición para darle un alimento de calidad a tu bebé, ni el médico ni tu quieren batallar. Es tu cuerpo, es tu hijo: tu decides.


RESPETA
Principalmente a ti y a tu bebé: el mejor regalo que le puedes dar no es un babyshower de lujo, la guardería más cara o una habitación de su color favorito, lo mejor para tu bebé está en tu cuerpo, para darle el alimento de calidad tienes que respetar algunas reglas de ciertos lugares: transporte público, restaurante u oficinas, pero no significa que te iras al baño de la gasolinera de la esquina para darle de comer a tu bebe o sacar tu leche en condiciones deprimentes e inocuas. Busca la forma para encontrar ese equilibrio.




USA LA ERA MODERNA A TU FAVOR
Hay muchas asociaciones que te pueden dar una orientación sobre cómo amamantar a tu bebé, sus páginas te dan tips que a nuestras abuelas les hubiera encantado tener, se una fast mom inteligente y no una fast mom ignorante y consumista (porque también se aprovechan vendiéndonos cosas para lactancia que ni se necesitan).


"Del 1 al 7 de agosto se celebra en más de 170 países la Semana Mundial de la Lactancia Materna, destinada a fomentar la lactancia materna, o natural, y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo. La OPS/OMS la recomienda como modo exclusivo de alimentación durante los 6 meses siguientes; a partir de entonces se recomienda seguir con la lactancia materna hasta los 2 años, como mínimo, complementada adecuadamente con otros alimentos inocuos." (Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán", 2014)



jueves, 27 de febrero de 2014

UN CICLO SIN FINAL...




En una cafetería se encuentran unos amigos, mientras les sirven sus cafés, el mesero les acerca una caja con diferentes sobres de azúcar.

Unos sobres son amarillos, otros blancos y los últimos rosas.
(Como ya te puedes imaginar el blanco es el azúcar normal, los amarillos el splenda y los rosas el canderel)

En esta reunión se da la conversación entre dos chicos de este grupo de amigos


-¿Cuál es la diferencia entre el azúcar blanco y los demás?-
Los otros dos no te engordan

-¿Y cuál es la diferencia entre el rosa y el amarillo?
Pues el rosa te da cáncer y el amarillo No.

Este tipo de conversaciones abundan en los consultorios de nutrición.


Es muy fácil que te encuentres con personas que se pongan encima el disfraz de "gurú nutricional"


Las puedes identificar cuando dicen frases como: 


"no puedes tomar coca light por eso del aspartame"
                                    
"no puedes comer plátano en tu menstruación"
                                    
"La chía te adelgaza"

Ese tipo de personas conoce cada punto y coma de las dietas para bajar de peso.


Ese tipo de personas es la que nunca logran sus metas nutricionales, entran a un ciclo sin final en el que la culpa ellos nunca la tendrá.

Para ellos, la culpa la tienen los médicos, los nutriólogos, el gimnasio o monsanto.

A ese tipo de personas les digo lo siguente: 


El 80% del fracaso o éxito en un tratamiento nutricional depende de ustedes.

A ese tipo de personas les digo, que ningún alimento, médico o pastilla hará de su cuerpo una maravilla ( si son flojos, consideren optar por el bisturí) 


 A ustedes les digo: háganse un favor, dejen de estudiar (pobremente) lo que ponen en sus platos, y empiecen a poner atención en lo que ponen en su cerebro.